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El Señor del BigoteSonrisa afable, predisposición a ese público que te espera cada semana en el mismo lugar. Unas veces para comprar algo otras para cambiar una prenda. Llegar con el amanecer y, con la experiencia que se adquiere de repetir todos los días la misma tarea, los mercadilleros forman pequeñas ciudades en solo cuestión de minutos. Son los responsables de congregar a los vecinos en calles extensas que durante horas transcurre la vida de las ciudades y pueblos de España.
Ser mercadillero es una profesión agitada. Es como estudiar un postgrado al aire libre. Es algo así como estar en continuo aprendizaje, absorbiendo cada lección que la vida permite en esos escenarios donde las relaciones personales se empapan de sudor, perseverancia, sacrificio y recompensas.

Los vendedores ambulantes fueron los primeros en entender esa necesidad de aglomerar a todo el público en una zona. Fueron los pioneros de los centros comerciales, no con tanto glamour, no con tanto estudio marketeniano y visual de sus productos y escaparates para atraer a más consumidores. Pero sí el ingenio y la sabiduría de conocer al cliente, de tratarlo como a una persona, de estar dispuesto a conversar con él en todo momento. Y aún así, con la mucha competencia con la que tienen que lidiar cada día, mantienen su encanto y esa personalidad que les caracteriza.
La venta ambulante sobrevive a pesar de las otras muchas formas de comercio que han ido evolucionando, sobre todo ahora, en la nueva era tecnológica donde el e-commerce se impone con fuerza. Aún así, los vendedores ambulantes todavía gozan de esa fuerza y ese tesón que consiguen demostrar cada día en su lugar de trabajo para ganarse la vida con esta tradición de la venta ambulante. Aunque es cierto que esta técnica de venta es poco observada y analizada por los informes económicos españoles y apenas se tienen datos del aporte económico que realizan al país, y mucho menos sobre su actividad. Y queda un poco al margen, como si ese aporte económico que da a la sociedad no tuviese relevancia. Algo que puede deberse a que está infravalorada por las instituciones, a que es una actividad muy competitiva entre su comunidad y que además sufre de una gran competencia desleal entre ellos mismos: Vendedores al margen de la ley sin pagar impuestos como son los “top manta” o personas que no cumplen con los requisitos para establecer su venta en los días de mercadillo.
El relevo, la tradición el querer continuar con un legado
El Señor del Bigote es una empresa familiar, que se construyó en el año 1978, el año en que entraba en vigor la Constitución Española a finales de diciembre del mismo. Un tiempo de transición política que para esta empresa tuvo su comienzo en Elche. Un año de auge para las empresas de calzado en la ciudad, pero El Señor del Bigote decidió la venta en pro de la producción del sector del calzado.

Y Araceli, es hija del Señor del Bigote, la que desea continuar con la tradición, con esa forma de ganarse la vida que su padre le enseño durante toda su vida laboral casi sin darse cuenta. Con esa enseñanza basada en los valores, en el respeto y sobre todo, en el ejemplo. Araceli García le extendió la mano a su padre para continuar su legado familiar. Un puesto de venta ambulante de sombreros, bolsos, monederos y todo lo relacionado con la marroquinería. Aceptó gustosa el reto. Impulsada por la falta de trabajo en la llamada crisis, por la impronta decisión de su padre de prejubilarse y sobre todo, por la supervivencia económica es ella quien ahora regenta este humilde puesto de venta ambulante.
«Entonces se llamaba Bolsos Araisa, una mezcla de mi nombre y el de mi hermana, Isabel y Araceli. Este año mi padre obtuvo la pre-jubilación por motivos personales, yo hacía poquito que había sido mamá y ya tenía ganas de iniciar algún proyecto y vi la oportunidad en coger el legado a mi padre. Es un trabajo que conozco desde bien pequeña y hoy en día el mundo laboral no está para rechazar oportunidades, así que decidí tirarme a la piscina». Cuenta la nueva mercadillera en alza.
La competencia, las nuevas tecnologías, la necesidad de hacerlo siempre mejor
Según el artículo 53 de la Ley de Comercio, se considera venta ambulante o no sedentaria la realizada por comerciantes, fuera de un establecimiento comercial permanente. Sin embargo, la crisis ha aumentado el número en competencia, aunque también ha crecido el número de clientes que acuden a los mercados ambulantes por su merma económica. Aunque uno de los competidores más desleales es el intrusismo de los vendedores ilegales, sin licencia y la cierta permisibilidad de las autoridades con ellos.
Araceli es periodista de titulación pero su vocación, la crisis y sentir cómo apoyaba a su padre con la decisión de continuar ha permitido que el engranaje de este pequeño comercio familiar siga en funcionamiento.
«Mi aportación como periodista ha sido bastante básica, hace ya cuatro años que me licencié y lo cierto es que ya ni siquiera me siento periodista. Pero sí me ha ayudado lo que aprendí sobre diseño, redacción y redes sociales. He diseñado el nuevo logo de la empresa, hago mi publicidad e intento llevar lo mejor que puedo Facebook e Instagram que creo que son las mejores opciones para llegar a mi público objetivo. Este tipo de trabajo te aporta muchas cosas, lo principal, desenvolverse con la gente y la importancia de saber gestionar tu propio negocio, realmente hoy en día es muy difícil ser una PYME y sobrevivir»
Las redes sociales, sobre todo Facebook e Instagram, son un gran altavoz, una forma de visibilizar con bajo coste al pequeño comercio. Algo que entiende muy bien Araceli y que utiliza como estrategia de marketing para darse a conocer y abrir nuevas vías de mercado y nuevas formas de monetización. «Hoy no es ningún misterio que hay que estar presente en las redes sociales, en cuanto tomé la gestión de la empresa lancé en Facebook El Señor del Bigote 3.0 y la verdad es que funciona muy bien para que la gente te conozca y puedas hacerle llegar su producto», explica la vendedora.
Alternativas de compra en la calle, fuerte competencia pero una necesidad de estar siempre presente en los mercadillos
Los vendedores ambulantes proporcionan acceso a una amplia gama de productos y servicios en los espacios públicos de las ciudades. En muchos países, los vendedores ambulantes representan un porcentaje importante del empleo informal urbano. La venta ambulante es una práctica mercantil que dio origen al comercio tal y como lo conocemos actualmente, y que pese a remontar sus orígenes a la antigüedad, continúa hoy día con plena vigencia. Además, en los últimos tiempos, ya no se considera como una modalidad arcaica o antigua con connotaciones peyorativas, sino que se le reconoce una gran importancia por su poder de adaptación a las realidades sociales y demográficas. Asimismo, el comercio ambulante es una actividad profesional, generadora de empleo, de cohesión social y dinamizadora de la economía social.
Araceli García defiende su profesión, la forma con la que este gremio toma personalidad en cada lugar en los que se ubica. «El trato es amable y familiar, en un marco agradable e irrepetible, porque no hay dos mercadillos iguales, y dónde el cliente puede encontrar un producto distinto». Sonríe, mientras afronta con seguridad y con el convencimiento necesario por qué ha elegido esta profesión.
Sentada frente al ordenador prepara pequeños textos, diseña fotos y programa en redes sociales. Algo de todo este trabajo que realiza dando forma a la comunicación 3.0. es un pequeño gesto que le permite también seguir siendo esa periodista que se formó en la facultad de la UMH. Además, aún no ha perdido esa inquietud por las cosas, ni esa curiosidad por observar su entorno y poder describirlo. Quizás, eso también la esté llevando a conquistar las redes sociales fuera de los mercados ambulantes de otras ciudades.
Precioso artículo…Gracias