Gastronomía, paisaje y memoria se dan la mano en una obra colectiva que reivindica el valor del campo ilicitano desde la cocina
Hay territorios que se recorren con los pies y otros que se entienden mejor desde la mesa. El Camp d’Elx pertenece, sin duda, a los segundos.
En una época en la que la distancia entre lo que comemos y su origen parece cada vez mayor, El camp d’Elx. Cuina i paisatge, el nuevo libro impulsado por la Associació per al Desenvolupament Rural del Camp d’Elx (ADR Camp d’Elx), propone justo lo contrario: acercar el campo a la vida cotidiana a través de la cocina.
No como un gesto simbólico, sino como una experiencia real, accesible y compartida.
Cocinar como forma de volver
La escena es sencilla: una mesa, productos de temporada, manos que preparan una receta que alguien aprendió hace años. Pero en esa imagen cotidiana se condensa algo más profundo: una manera de relacionarse con el territorio.
«La cocina es una excusa perfecta para reconciliarnos con el terriotrio»
“La cocina es una excusa perfecta para reconciliarnos con el territorio”. La frase, compartida durante la presentación del libro en el Hort del Gat, funciona como una declaración de intenciones.

Porque este proyecto no habla solo de recetas. Habla de volver a mirar el campo. De reconocerlo. De entender que no es un espacio lejano, sino una parte viva de la identidad local.
Tradición que evoluciona
Lejos de caer en la nostalgia, el libro propone una mirada contemporánea sobre la cocina del Camp d’Elx. Aquí la tradición no se conserva en formol, sino que se adapta, se transforma y dialoga con el presente.

Ingredientes como el melón de Carrissars, la granada mollar o las encarnelles aparecen en recetas que combinan sencillez e innovación. Platos que parten de lo que siempre ha estado ahí, pero que se reinterpretan para encajar en los hábitos actuales.

Hay, además, un hilo conductor claro: el aprovechamiento. Esa lógica heredada de generaciones anteriores que hoy vuelve a cobrar sentido en un contexto donde la sostenibilidad ya no es una opción, sino una necesidad.
Una obra coral con identidad propia
Uno de los mayores aciertos del libro es su carácter colectivo. No hay una única autoría, sino una red de voces que construyen un relato común.
La coordinación del proyecto ha estado a cargo de Ingrid López Häll, quien también ha desarrollado la parte fotográfica, aportando una mirada visual coherente y cercana. Junto a ella, el trabajo audiovisual de Marcos introduce un elemento diferencial: varias recetas incluyen códigos QR que permiten ver su elaboración en vídeo.
Pero el verdadero corazón del libro está en las personas que han compartido sus recetas. Profesionales de la cocina y participantes vinculados al territorio que aportan experiencia, memoria y creatividad.
Entre ellas, destacan especialmente Custodia Antón y Matilde Antón, referentes en la recopilación y transmisión de este saber gastronómico. A su alrededor, nombres como Chus (Saó), Silvia (El Estanquet), Loli (Matola), Cristina Canal o Sofía, entre otros, dibujan un mapa vivo de la cocina ilicitana.
El campo, más allá del producto
Si hay una idea que atraviesa todo el libro es que el campo no es solo un lugar donde se producen alimentos. Es también un espacio cultural, social y emocional.

En este contexto, la figura del agricultor adquiere un nuevo significado: no solo como productor, sino como guardián del territorio. Alguien que mantiene vivo el paisaje, las tradiciones y el equilibrio entre lo rural y lo urbano.
A través de la cocina, el libro invita a reconocer ese papel y a valorar lo que muchas veces pasa desapercibido.
Lengua, cultura y territorio
Editado íntegramente en valenciano, El camp d’Elx. Cuina i paisatge refuerza la conexión entre lengua e identidad. No como un elemento accesorio, sino como parte esencial del relato.
El proyecto, además, ha contado con el apoyo del Ayuntamiento de Elche, que ha subvencionado parte de la impresión, facilitando la difusión de una iniciativa que trasciende lo gastronómico.



